viernes, 9 de noviembre de 2007

CARA DE MONO
Por Rodrigo Leiva
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Cara de Mono era un ladrón de poca monta. Había entrado y salido de la cárcel desde los 15 años. A Cara de Mono le gustaba robar radios de autos, era su especialidad. En eso estaba cuando se encontró una vez más con el Señor Juez. Aquel vejestorio que lo condenaba una y otra vez sin mayor expresividad. Se conocían hace años. Él se había hecho hombre y el Señor Juez, viejo. La complicidad de ambos era evidente. Él lo notaba, incluso esta vez le era agradable volver a verlo. A Cara de Mono le gustaba esa manera algo estúpida que tenía cada vez que hablaba.

―¿Tiene un cigarro, Señor Juez?
―Sí, ¿quieres uno?

Y empezaron a hablar, cada uno de su vida, como si nadie los escuchara. Se hablaron como viejos conocidos que nunca habían tenido la oportunidad de hablarse de verdad, como era en efecto. Se hablaron sin mediar diferencias, a cuero pelado, de sus amores pasados, de sus enfermedades, de sus penurias.

Al cabo de unos minutos llegó la sentencia.
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Santiago, Marzo de 2004.
PS.- Texto originalmente publicado en Infrarrojo: Revista de Literatura Policial y Géneros Afines. Santiago, Año I, Nº 1, Marzo de 2004.