sábado, 17 de mayo de 2008

Revista Quantor, Año I - Nº 2.
Santiago, Ediciones de la Golondrina, 1998.
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EDITORIAL.
Por Carlos Raúl Sepúlveda C.
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Somos hojas del árbol de la humanidad arrastradas por la tormenta. La crisis del fin del milenio se hace presente de manera inequívoca.
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El cambio moral va a parejas con el cambio tecnológico. De pronto nos preguntamos si la involución ha comenzado, si cada vez mayores masas de recién nacidos vienen a desvalorizar la individualidad, la tasación de cada uno de nosotros, sumiéndonos en una ola de ignorancia, prejuicios y fundamentalismos que creíamos desaparecidos en el viento de la historia.
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Los cuatro jinetes del Apocalipsis vuelven a cabalgar enseñándonos su horrenda cara, esta vez, vía satélite por las cadenas de noticias, SIDA, Ébola, nacidas en las probetas de laboratorios de la guerra bacteriológica cabalgan el potro amarillo. La velocidad del cambio tecnológico deja obsoletas grandes parcelas de la actividad humana; cada tres o cuatro años los ingenieros deben reciclarse para continuar siendo profesionales útiles, la cesantía aumenta como los hongos tras la lluvia otoñal.
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El hambre vuelve como una vieja amiga de los países en desarrollo. Emerge un nuevo proletariado, un proletariado electrónico, metálico, los robot, hijos de la cibernética, cuya plusvalía es un nuevo problema a resolver. Las guerras religiosas aparecen otra vez con toda su carga de intolerancia y dolor, el genocidio brota en África y Asia como una plaga que se resiste a dejarnos partir.
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Y sin embargo el conocimiento continúa su camino sin barreras. En un pequeño grupo iluminado la conciencia se expande y con ella, una nueva comprensión, un nuevo amanecer. Nuestro mundo físico cambia con la ampliación de nuestra conciencia. Ahora sabemos que hay agua en la Luna, que existen pirámides y una enigmática esfinge en Marte, la que fue portada del primer número de Quantor.
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Nuestros satélites y observatorios clavan el bisturí de observación cada vez más profundamente en la realidad.
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También el nuevo conocimiento nos entrega evidencias de nuestra fragilidad como especie. El hombre ya no es el centro del universo, ni siquiera es matemáticamente posible que sea el único ser inteligente, las evidencias alien en nuestra historia se hacen patentes, el hecho está dejando de ser un secreto de Estado para incorporarse al folklore urbano.
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Pero no es sólo la amenaza exógena la que ahora nos pone en alerta. Sabemos ahora que todo es posible en el mundo físico que nos rodea. Recientemente los astrónomos han descubierto un asteroide, el XF 11, que amenaza estrellarse con nuestro planeta. Por un accidente semejante se extinguieron los dinosaurios tras reinar sobre nuestro planeta 130 millones de años. La humanidad ha existido sobre la Tierra sólo la mínima parte de ese tiempo.
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Para este número, Máximo Carvajal ha creado una portada en que describe vívidamente el encuentro entre los cuerpos celestes justamente en medio de nuestra Alameda, en Santiago de Chile. Es de esperar que las predicciones de James Scotti, astrónomo descubridor del XF 11, que han dado origen al menos a dos películas de CF, “Impacto profundo” y “Armagedón”, no se cumplan. Sin embargo, los estudiosos señalan que hay otros cuatro mil objetos celestes similares en el espacio.
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¿Lograremos sobrevivir?
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Hasta el próximo número.