sábado, 5 de julio de 2008


PRELUDIOS A LA FUNDACIÓN DE ASIMOV.
Por Teobaldo Mercado Pomar.
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He leído dos libros que son las “precuelas oficiales” de la saga de la Fundación de Isaac Asimov: “El temor de la fundación”, de Gregory Benford, y “Fundación y caos”, de Greg Bear.
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Ambos están entre mis autores favoritos, pero pese a eso no lograron convencerme con sus historias acerca del particular universo creado por el patillas. ¿Por qué? Pues porque considero que tratan de justificar lo injustificable, aquellos errores debidos a las limitaciones de la época que hoy en día no son comprensibles. Se trata de hacer calzar forzadamente las ideas de una galaxia sin otros seres vivientes más que los humanos; los robots, también, son dejados de lado, aunque se intenta una explicación que ―a mi modo de ver― no es convincente. En realidad, el gran error fue juntar dos sagas que nada tenían que ver: la de los Robots y la de la Fundación, usando un pegamento de lo más artesanal (sería como usar nuestro tradicional engrudo para pegar las paredes de una casa).
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Benford rellena interminablemente con las recreaciones artificiales de Voltaire y Juana de Arco, quienes se lo pasan discutiendo de cuestiones filosóficas y morales que en poco o nada aportan al argumento. Su descubrimiento de los alienígenas en medio de las redes informáticas del Imperio es la excusa más tonta que he encontrado acerca del motivo de la inexistencia de otras razas en la galaxia. Peor aún, el mismo autor se autoplagia descaradamente, pues esos alienígenas artificiales son sospechosamente parecidos a la civilización mec de su estupenda Saga del Centro Galáctico.
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Bear, en cambio, adopta un enfoque más práctico y su trama se deja llevar por el sendero de la vida de Hari Seldon en los tiempos previos a la creación de la Fundación. Es más dinámica, pero también noté el gusto por tratar de justificar los errores en la lógica de la historia, dando interminables rodeos para hacerle comprender que un telépata podía arruinar su cuidadoso plan de la psicohistoria.
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Los dos libros me dejaron una sensación que me trae a la mente aquella vieja frase: “El papel aguanta todo”. Lo siento, como escritor valoro el esfuerzo involucrado; empero como lector apenas lograron sacarme el aburrimiento, inclusive, me salté páginas para no seguir eternamente con los libros.
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Fue un error, insisto, aquellas historias debieron quedarse como estaban o, a lo sumo, seguir escribiéndolas con las mismas premisas de antaño, sin tratar de meter con calzador explicaciones que no tienen mayor lógica ni sentido.
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Dudo mucho que lea algo más de lo “nuevo” de las Fundaciones.
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Santiago, 5 de julio de 2008.
Nota.- Imágenes de portadas de libros facilitadas por el autor del comentario.